Conociendo a Dios a través de la obediencia (Parte 1)

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2Reyes 5:1-16

Citas adicionales:
1Samuel 15:22-23
Hebreos 5:7-8

Introducción:
Los que somos padres, nos podemos dar  cuenta de lo difícil que es para nuestros hijos obedecer.  No es sino luego de instrucción y corrección,  que se alcanzan logros. El proceso es duro, tanto para los hijos como para uno, y no está exento de dolor.

(También lo vivimos como hijos, recordar cuanto nos molestaba que nos dijeran que hacer y cuando.)

Al final del tiempo, cuando se ha crecido, se puede  ver con cariño como los  padres enseñaron, se agradece  la preocupación. Y les conocimos en el proceso.

Podemos decir, que la obediencia está en contra de la naturaleza humana, es un proceso y se logra con el tiempo y la decisión. Donde la voluntad es doblegada y moldeada. Cuyo final es bueno y saludable.

En estos tiempos, la obediencia es un valor que ha dejado de ser absoluto y ha comenzado a ser relativo.

Vamos al diccionario, según RAE:
Obediencia: Acción de Obedecer.
"Obediencia a alguien": Sujetarse a él, reconocerlo por superior
Obedecer: Cumplir con la voluntad de quien manda.

Relativo,  porque depende de si me conviene o no, de si está de acuerdo a lo que creo o pienso, y por último, si es válida para mí, la persona que me pide obediencia.

Esto es propio del carácter de los hombres en los días finales, (2Timoteo3:1-5), y nosotros como hombres de este tiempo, no dejamos de estar expuestos a este mover espiritual de las tinieblas, por ello debemos estar atentos y firmes.

La obediencia se evidencia frente a una instrucción directa en su palabra y mandamientos (Deuteromio 28:1), frente a una disciplina para nuestras vidas (Hebreos 12:7-8), porque somos hijos y no bastardos, y  frente a las autoridades que Dios ha permitido sobre nuestras vidas (Romanos 13:1-2).
Desarrollo:
El pasaje que acabamos de leer, ocurrió en un tiempo en la historia del pueblo de Israel, en la que casi no había profetas de Dios.  El único conocido era el profeta Eliseo. En ese tiempo reinaban Jehoram en Israel y Ben-hadad II en Siria, y el reino estaba dividido, teniendo su capital en Samaria.

Vemos que Naamán era un hombre que tenía una posición de honra en su pueblo, conocido por ser grande delante del rey de Siria.   Dice la Palabra, que por medio de El, Jehová dio salvación a Siria.

Fue usado por Dios, en algo grande. Una posición así, sin duda trae efectos tales como, querer ser tratado como alguien de importancia, y ser tratado por gente importante, no por cualquiera. Tener ciertos privilegios y comodidades.

No se sabe mucho de la historia de este hombre, hasta este pasaje, sabemos que era valeroso en extremo  y podemos deducir  que no era apartado solo para Jehová, pues ofrecía sacrificios a otros dioses (baales). Una extraña combinación. No se si podremos explicar porque Dios le usó. Pero, ¿Quiénes somos para cuestionar a Dios, porque usa a este o este otro? 

A veces se nos olvida que lo que hemos logrado, no es nuestro mérito, sino que el Señor a través de nosotros.  No por lo mucho que oremos, o lo mucho que hagamos, es sólo la misericordia de Dios. El Señor nos ayude a no pensar algo mayor de nosotros mismos, sino a pensar de nosotros con cordura.

La muchacha (criada), le da la instrucción clave: "Si rogase mi señor al profeta". No dice exactamente que mencionó Naamán al rey, pero este, le da cartas y bienes, para que le pida al rey de Israel que le sane. En alguna parte se pierde el rogar y al profeta.

Muchas veces nuestro orgullo nos confunde. Pensamos que con "recomendaciones" y "dinero", podremos controlar o manipular las cosas.

Haber llegado a ser lo que somos o tener lo que tenemos, es solo misericordia y gracia  de nuestro Señor.

Naamán, iba esperanzado en el camino, con sus 10 mudas de ropa, el camino no era corto.
Se encuentra con el rey de Israel, y este reacciona como un hombre, que no conoce a Jehová.  Dios poderoso, sanador, y que obra milagros. En vez de aprovechar la ocasión para testificar del magnifico Dios de Israel, rasga vestiduras.
En todo momento, y lugar, tendremos la oportunidad de exaltar a nuestro Rey, El Señor nos ayude a conocerle, para darle a conocer como El realmente es.

Es Eliseo el que le envía mensaje al rey de Israel. ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Es una pregunta, que nos hace pensar. Cuando el Señor a través de sus profetas nos hace preguntas, hay que considerarlas. Porque muchas veces vienen del corazón de Dios. El rey de Israel hizo algo muy religioso, al rasgar sus vestiduras,  pero estaba "perdido" espiritualmente hablando, pues no conocía a Jehová y no  reconocía a Eliseo.

La religiosidad nos aparta del conocimiento de Dios, nos aleja de SU persona, nos hace verle a través de un espejo borroso y sucio. Pone nuestras formas y preceptos, por delante y nos atrapa en la confusión haciéndonos creer lo incorrecto de nosotros mismos. No nos permite reconocer a los hombres de Dios.  El Señor nos libre de ser religiosos.

Naamán va con todos sus caballos y carro, delante de la puerta de Eliseo. Y Eliseo envía a un mensajero. ¿Podemos imaginarnos como se debe haber sentido Naamán? Ya Eliseo era "menos" que el rey de Israel. Y además este, le envía un mensajero. Aun menor en "grado" según los estándares sociales.

Para Naamán ya era suficiente humillación. Pero la cosa no termina allí. Además debe ir a bañarse a uno de los ríos más sucios, el Jordán. Y no solo una, sino 7 veces.
Se fue enojado, pero para beneficio de Naamán, sus criados se atrevieron a hablar, y le aconsejaron que hiciera como el profeta le decía.

No nos desanimemos de hablarles a nuestros jefes o superiores, si somos buenos trabajadores y les hablamos con respeto, podríamos ser escuchados, y la salvación y sanidad podría venir a ellos.

Lo más importante, recibamos el consejo de Dios, no importando el "nivel" que tenga el mensajero. No nos enojemos, si no es como pensábamos.

Cuantas veces ha sucedido, que el pastor envía a un mensajero, por ejemplo: un líder, un encargado de célula, un encargado de ministerio a darnos instrucciones para nuestra sanidad. Pero, por no ser el mismo pastor, no le escuchamos y además nos enojamos con el pastor, porque no vino el mismo a decirnos las cosas.

Que bueno que Naamán estuvo rodeado de las personas correctas. Personas que le animaron a obedecer. Escuche a quienes les aconsejen hacer la voluntad de Dios, a aquellos que le animen a obedecer, y evite a aquellos que no lo hagan. (2Timoteo 3:1-5)

Dios nos libre de ser tan orgullosos para no reconocer el mensaje, por estar mirando a los mensajeros. Como el Señor nos hablaba, debemos preocuparnos si ya nadie es digno para enseñarnos. Dios nos libre de enojarnos e irnos, y no pasar por el proceso que nos dará sanidad.

Sin duda Dios tenía un propósito con el corazón de Naamán, necesitaba que le conociera, que sus principios de eternidad fueran formados en su corazón.   Que conociera que Jehová no se compra y no opera según nuestros paradigmas.

Los profetas de Dios, generalmente han sido personas atípicas, suelen actuar en formas no esperadas para la gente común. Son personas que obedecen a Dios,  y continuamente están en su presencia. "En cuya presencia estoy", tal como solía decir Elías.

La mayoría, por no decir todas, les toca ser los "malos" de la película, porque no portan noticias que hacen "cariño", sino noticias que sacan de la zona de confort, que hacen que la carne se sienta incomoda, llaman al arrepentimiento, a la santidad, al cambio.
¿Y para qué? Para que el pueblo alcance salvación, para que no se pierda, para que entiendan y conozcan a Dios.
Los profetas representan la misericordia de Dios para con su pueblo, representan su Fidelidad, pues aun cuando no lo merecemos, Él nos habla y nos llama.

Aplicación:

1.    Debemos humillarnos para obedecer, o dicho de otra manera, la obediencia requiere humillación.

Nuestro Señor, se humilló hasta lo sumo (Filipenses 2:6-11), no estimó ser igual a Dios, se hizo hombre y aun se humilló más, siendo  obediente hasta la muerte, muerte de cruz.
Cuánto ofendemos al Señor, cuando no estamos dispuestos a humillarnos. Cuando creemos que somos superiores. Y solo préstamos obediencia a quienes pensamos la merecen. Muchas veces ponemos la vista en el mensajero y sus falencias, y no vemos que el mensaje es de Dios para nuestra sanidad.

Los verdaderos hombres de Dios, no actúan para vanagloria, o por un deseo de autoritarismo, para probar que son alguien, ellos saben quienes son en Cristo. Lo hacen porque es necesario para nuestro bien.
Debemos bajar las banderas propias, despojarse de los paradigmas,  de la posición que tenemos, de todo a lo que nos aferremos.
Tal como Naamán, recibir el consejo de los más humildes, bañarnos desnudos en el río más sucio.

De alguna manera Dios nos prueba. Nos hace obedecer a quienes menos quisiéramos. Nos pone en situaciones sin lógica humana.
Sin embargo, la decisión de humillarnos, será nuestra. ¿Estaremos dispuestos? ¿Tendremos el mismo sentir que el Señor Jesús?


2.    Obediencia es un proceso que implica lágrimas y padecimientos. 
Si no hemos padecido y llegado a las lágrimas en nuestra vida cristiana, entonces no hemos aprendido a obedecer. Si nuestro Señor, ofrecía ruegos y suplicas, y aun siendo Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia (Hebreos 5:7-8)  ¿Por qué creemos que para nosotros será fácil aprender a obedecer?

Tarde o temprano el Señor te llevará a una situación de prueba. Lo vimos en Abraham, cuando fue probado con Isaac, ¿Acaso no padeció en el proceso? ¿No habrá llorado toda la noche mientras esperaba el amanecer? ¿Acaso nuestro Señor, no estuvo clamando en Getsemaní? ¿De donde sacamos la idea que la obediencia sería fácil para nosotros?

En algún momento nos toca, probar si somos humildes, y estamos dispuestos.
No olvidemos, que no será como lo esperamos, no será con quien lo esperamos, ni será en el momento que lo esperamos.
La obediencia no es instantánea,  es un proceso diario, de hacer morir el yo y que el Señor reine, cada día una nueva área de nuestra vida será probada, y deberemos aprender.

Mas si nuestro sentir es como el del Señor, y hemos aprendido a ser mansos y humildes, podremos avanzar un paso más hacia la estatura del varón perfecto.


Conclusión
Tal es la rebeldía y el orgullo de la naturaleza humana, que debemos ser enseñados a vivir. A sujetarnos a las autoridades (Romanos 13:1-2), a obedecer a nuestros pastores (Hebreos 13:17) a someternos unos a otros (Efesios 5:21). A entender que somos hijos y no bastardos y que seremos corregidos y disciplinados (Hebreos 12:7-8,11).

Así como Naamán debemos humillarnos, reconocer que solo la misericordia de Dios nos tiene en pie. Y que debemos dejar que la obediencia sea formada en nosotros.

El Señor quite de nosotros toda rebeldía, todo orgullo y vanidad. Y forme en nosotros la obediencia. Nos ayude en el proceso, nos de amigos que le teman y nos guarde del engaño. Para no ser leprosos sino sanos.

Por Andrea Fröhlich

2013-01-31